Éste va a ser quizá el episodio más polémico y que me va a causar más bloqueos en mucho tiempo. Pero creo que es saludable dialogar sobre cualquier tema y creo que la mejor manera que tengo de ayudar a la democracia es poniéndola en duda, colocándola sobre la mesa y debatiendo sobre ella y no escondiendo el debate, declarándolo tabú, porque «la democracia es lo más, es la base de todo, no se puede poner en duda y si lo haces serás desterrado de nuestro grupo de amigos, de los debates y de los medios de comunicación».

Y no voy a ahondar en todos los defectos que le he visto en la democracia o en esta democracia, desde que me alejé y tomé perspectiva, me gustaría publicar un libro sobre ello y llevo tiempo escribiendo notas en mi diario al respecto.

En un video cortito me voy a focalizar en un punto, anecdótico, quizá más relacionado con la libertad de expresión o incluso con la responsabilidad de expresión un concepto inédito, que va a sacar de sus casillas a más de uno, pero que me parece fundamental para que observéis cómo se nos ve desde otro lugar, en este caso un lugar horrible, China.

Ya lo sabemos, no sé si nos aporta algo lo que piensa alguien ajeno a nuestro sistema, si tiene información suficiente para juzgarlo o no. Yo creo que sí, que siempre es bueno el diálogo, escuchar a alguien externo y a partir de ahí, si queremos, incorporar su critica de una manera constructiva para mejorar o descartarla.

Opiniones incómodas

Me encontraba en un viaje a España con mi mujer, que es una chica china, con educación superior, mente global, ha viajado por más de una decena de países, ha pasado mucho tiempo en España… En fin, no debería ser necesario explicar esto, pero por si acaso.

Y, bueno, antes del Covid, cada vez que veníamos a España, la comida de navidad nos juntamos con todos los primos, tíos etc. que aprovechan para vernos… Y cómo no, como sucede en todas las casas… Empezamos a discutir sobre política.

Imaginad, unos de derechas, otros de izquierdas, el que va de moderado de centro, independentistas, españolistas… El que no deja hablar, el que se enfada para tener la razón, lo normal.

Yo le iba traduciendo a mi mujer la tendencia política de cada uno y el resto de familiares me iban viendo, y en un momento me dicen, «¿ella entiende, le has ido traduciendo? ¿Qué opina ella?»

Se lo pregunto y su respuesta causó todo tipo de reacciones: “Sabéis cuál es el problema de España?”. ¿Cuál cuál? Todos expectantes: “Qué todos tenéis opinión”.

Bueno, imaginad la reacción. Ya no cae tan bien en casa, nos hemos librado de algunas visitas incómodas desde entonces… No todo iban a ser malas noticias… En fin, tengo todo tipo de reacciones cuando explico esta historia, justificadas seguro. Lo entiendo todo, más allá de saltar a la yugular, que me parece bien, de justificar por qué es una frase inaceptable.

Si despasionalizamos el debate, que es algo muy beneficioso, quizá podamos aprender algo e incluso, quien sabe, mejorar. Y en el peor de los casos, si no tenemos absolutamente nada que aprender del concepto como mínimo, habremos aprendido algo sobre los chinos… lo cual ya es un take away considerable. Ojalá os lo llevéis como aprendizaje de este video y los que estáis interesados en entender cómo piensan los chinos, os suscribáis al canal para seguir ampliando el ancho de banda analítico.

Frente a la imposición

Primero de todo, leamos entre líneas, esto va más allá de tener opinión. Lo que veo en occidente, sobre todo en los lugares con menor cultura, es más el imponer mi opinión. Dialogar permanentemente con el botón pulsado, no escucho, estoy esperando que acabes tu argumento para explicarte el mío, no me meto en una discusión a aprender si no a que los demás escuchen lo que yo voy a decir y por supuesto, no estoy dispuesto a cambiar de opinión. Sería una muestra de debilidad.

Bajo nuestras convenciones sociales mostrar nuestra opinión también es una forma de vender nuestra marca personal, presentarnos como alguien inteligente, que piensa por sí mismo, que no se deja engañar por los medios. Mostrar una opinión alternativa nos coloca en una posición de superioridad frente al rebaño que obedece, en la mayor parte de ocasiones encierra un esfuerzo desmesurado en busca de aprobación social.

El tipo más callado de la discusión quizá actúa así porque no tiene opinión o puede tenerla perfectamente… y simplemente, lo que ocurre es que hace un cálculo coste-beneficio de enfangarse con personas que no están dispuestas a escuchar y no le compensa.

Fijaos que decir “El problema de España es que todos tenéis opinión” nos suena fascista, anti demócrata, lo que queráis, dicho por un chino, es algo que han repetido en un contexto mucho más amigable un montón de entrenadores de fútbol, desde Luis Aragonés hasta José Mourinho. En España hay 40 millones de entrenadores, todo el mundo parece saber más que yo para hacer la alineación del equipo pero al final el que se juega el cargo soy yo.

Lo que nos están pidiendo los entrenadores en ese momento es que les dejemos trabajar. Que hemos escogido teóricamente a la persona más preparada para el cargo, y si no pone a este o ese jugador será por algo, el tiene infinitamente más información que los aficionados para tomar las decisiones que toma, lleva 20 años dedicándose a lo mismo y lo que te dice es que desde tu sofá con mano en cada nalga opina muy fácilmente sobre cualquier cuestión… Pero quizá se debería confiar un poquito más en su trabajo ya que le se le paga una morterada de dinero por ejecutarlo.

Nuestra democracia

Es el principio de democracia representativa. En el fútbol lo vemos claro, en la política no. La idea se basa en un concepto maravilloso que es el de la racionalidad limitada. Algo que los chinos, sin saberlo, practican a la perfección, pero nosotros no.

La idea es muy simple, no hay tiempo material en una vida para obtener un dominio superior en cualquier disciplina… Aunque nos pasemos todo el día informándonos. Sería imposible para cualquiera de nosotros discernir si es mejor hacer una carretera u otra, si en esta ciudad faltan 3 hospitales o 4. Si es mejor avanzar en nucleares o en el gas, si hay que invertir más en defensa, si hay que ceder más o menos soberanía a Europa, si hay que avanzar o no en la robotización.

No hay tiempo material para informarnos sobre todo y por tanto, en una democracia representativa delegamos nuestro voto en nuestros representantes para que ellos, que no tienen que pasarse 9 horas en la frutería, se formen en cada tema y nos representen de la mejor manera posible. Con mil fallos pero ese es el sistema que tenemos, vayamos a muerte con él o cambiémoslo.

¿Política en China?

En China, con toda la incultura que hay, al menos son conscientes de sus posibilidades, es decir, yo siempre digo que el mejor futbolista no es el que regatea a 8 rivales y después la pierde, es el que sabe cuándo regatear y cuándo no. Y en ocasiones hay que pasarle la pelota al de al lado en lugar de lucirse uno.

Pues bien, los chinos saben que tienen un nivel cultural medio-bajo, han creado un sistema meritocrático, con mil fallas, sí, pero donde creen, al menos en un planteamiento teórico es así, que los más capacitados son los que van ascendiendo en el escalafón, es decir, no lo deciden los votos… que también pero esa es otra discusión, no lo decide el partido, que también pero esa es otra discusión, sino que lo decide, idealmente, nominalmente, el mérito.

Y no entro en si esto es lo que realmente pasa o no. Quedémonos en el marco teórico. Si yo creo que son los más meritorios son los que están arriba cómo voy a poner yo en duda las decisiones que tomen.

Por esto, siempre repito que para los chinos la política es como un fenómeno atmosférico. Si llueve no me quejo, en todo caso, tomo un paraguas para que me afecte lo mínimo. No entienden cómo podemos invertir tanto tiempo de nuestro día a día en hablar de política.

«Profesionales» de la política

Un problema de la democracia, o de nuestro nivel de consciencia actual, es que somos perfectamente conscientes de que la gente que está gobernándonos no ha llegado allí de una manera meritocrática, sino pisándole el hígado a su compañero de partido, están infradotados a nivel teórico, no tienen ningún tipo de experiencia de gestión en el sector privado, y con todo ello, no les tenemos ningún respeto y, aquí viene lo grave, nos vemos capacitados para ocupar su lugar. “Si yo fuera presidente…»

Bueno, en este sentido, quedé a tomar unas cervezas el otro día con un patrono del canal, gallego, del sector textil y acabamos hablando de Zara y de la sucesión de Pablo Isla, posiblemente el mejor CEO del mundo, una sucesión nada fácil, y me decía: «es que quizá Marta Ortega debería salir y decir… «No sé si estoy preparada para sustituir a Pablo Isla…» No es por hacerle de menos, estará muy preparada, pero no sé si hay alguien en el mundo capaz de sustituir a Pablo Isla».

Bien, la contrapartida a esto la tenemos el congreso de los diputados, donde como mínimo hay media docena de tipos que se sienten completamente preparados para dirigir la mayor empresa del país que es el aparato del estado. ¿Habéis pensado en ello? ¿Cómo es posible que para cualquier puesto en la c-suite de una multinacional nos tiemblen las piernas pero para dirigir el destino de 50 millones de personas sobren los tipos que se sienten enteramente preparados.

La razón es que le hemos perdido el respeto a una serie de capacidades, competencias, talentos… porque la habilidad fundamental para llegar arriba en un partido es la sangre fría, ya que se produce una selección natural y ganará el más despiadado, y una vez arriba la competencia más necesaria para que me voten es la oratoria.

Y esto no ocurre sólo en España, pasa en EEUU y en cualquier lugar con democracias viciadas. Un debate televisado entre los dos rivales puede decidir la elección y, por tanto, el populismo gana. Es más importante visualizar a un enemigo, encontrar un punto focal al que todo el mundo mire: los chinos, los mexicanos, las Malvinas, la valla de Melilla, los ricos si tu público es de izquierdas, Venezuela si tu público es de derechas, prometer medidas que la plebe aplauda,  aunque sean irrealizables, conmigo bajará la factura de la luz…

Nuestro modelo

Y fijaos que la frase «el problema de España es que todos tenéis opinión», no es una invitación a copiar el sistema chino. Los chinos no quieren exportar su modelo, eso sólo lo hacen los norteamericanos, la frase lo que nos está diciendo es: “dadle una oportunidad a vuestro modelo, no al mío, al vuestro”. Porque vuestra preferencia anunciada es que os encanta, pero vuestra preferencia revelada indica lo contrario.

Cada vez que le digo a los chinos que pierdo mucho tiempo pagando impuestos, peleándome con la administración que ha externalizado en mí su sistema de cobro de impuestos y eso hace que un buen número de horas las malgaste en calcular lo que le debo al estado en lugar de estar produciendo PIB en lo mejor hago que es mi trabajo… Ellos, con toda la razón del mundo me dicen, «¿y no pierdes tiempo en el bar discutiendo de política para nada? ¿Ese tiempo no te pesa?»

Visión cultural

Tengo otra anécdota sensacional. Durante las manifestaciones del 11-M, estaba llevando un grupo de chinos por Barcelona, y cuando vieron todas esas personas pernoctando a la intemperie, en frente de los edificios públicos como señal de protesta, los occidentales que iban en el grupo preguntaban, «¿Esto no lo podéis hacer en vuestro país eh?» Ellos no contestaban, no entendían la pregunta. Pero estaban fascinados.

«¿No son pobres?» No, no están aquí porque quieren, para protestar. Y en algún momento alguien preguntó, «¿Qué estáis pensando?» Y uno de ellos respondió, «que toda esta gente deben necesitar mantas, linternas, paraguas, coca colas…»

Esto es el famoso choque cultural, la capacidad que tenemos los distintos seres humanos de observar una misma realidad y llegar a conclusiones dispares. Y si queremos ser integradores, diría, conclusiones complementarias.

En fin, no quiero alargar mucho más el programa. Si os apetece que grabe un episodio explicando por qué la mayor parte de los extranjeros que hemos vivido más de 10 años en China pensamos que una democracia a la europea sería insostenible en China, me lo dejáis en los comentarios.

También quizá sería interesante hablar de por qué los chinos no opinan o no opinan tan fácilmente de cualquier tema. Esto me lo preguntan a menudo a nivel empresa, sobre por qué los chinos de mi oficina no opinan sobre nada… no se involucran en las decisiones… En el caso que he mencionado hoy, tuvimos que ir proactivamente a obtener su opinión, si no, no es común que nos la regalen… Bueno, ahí lo dejo.

Y sobre todo, espero que nadie se haya ofendido, son sólo ideas, comentarios… nada más. Ojalá le encontréis el lado positivo a observar la realidad desde un punto de vista diferente. Este episodio, en general, en 10 minutos, no trato de explicar toda la realidad, sólo agregar otra capa de comprensión, de entendimiento para quien lo valore.

Os dejo hoy con una frase de Confucio, ahora que todos aquellos epidemiólogos y vulcanólogos se están doctorando en estrategia militar en la universidad a distancia de Sebastopol.

Y la frase dice: «La sabiduría consiste en saber que se sabe lo que se sabe y en saber que no se sabe lo que no se sabe»

 

2 comentarios en “El problema de España es que todos tenéis opinión”

  1. El propio sistema democrático casi nos obliga a tener una opinión. Al fin y al cabo, para que una democracia funcione, es necesario que la gente vote y para que la gente vote, es necesario que tengan alguna opinión.

    Por otro lado, la mayoría de la gente no está (no estamos) capacitados para tener una opinión bien fundamentada: eso exige una serie de capacidades, una formación y una inversión diaria en tiempo y esfuerzo para estar al día sobre lo que sucede en política, algo que no todos podemos o queremos hacer. El resultado de esto es que, al final, la gente no dispone de esos recursos y esa información, por lo que acaba votando al que le cae mejor o al que se ajusta más a una determinada línea ideológica que ha adquirido según su personalidad, experiencias y educación. De ahí que los discursos de los políticos sean tan simples: no van dirigidos a gente bien informada sino al votante medio, a alguien que se entera de la mitad, que parte de muchos prejuicios y al que, para captarlo, se le debe dar un mensaje simple, acorde a sus capacidades y formación, cuando la política real es cualquier cosa menos simple.

    El resultado es lo que vemos: unos políticos más preocupados por la imagen y el marketing que por llevar a cabo políticas eficaces, porque esto primero es lo que más votos les va a reportar.

    Yo sí creo que sería, como mínimo, digno de consideración, un sistema en el que los más preparados, y no los más votados, sean los que lideren el país. No obstante, a la hora de ponerlo en práctica, este modelo también presentaría problemas: mayor tendencia al autoritarismo, mayor divergencia entre lo que la sociedad reclama y lo que se acabaría implantando, etc.

    En fin, un buen artículo que incita a la reflexión. Gracias.

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